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Juan Ramón Jimenez |
La
obra de Juan Ramón Jiménez titulada “Platero y Yo” es una hermosa poesía en
prosa, compuesta de ciento treinta y ocho capítulos que muestran la breve
historia del recorrido que hizo el autor a su pueblo natal llamado Moguer en
compañía de un gracioso y lindo burrito blanco llamado Platero, al que en el
primer capítulo dice que le gustan las naranjas, las uvas moscateles y los
higos morados.
En
el número cinco comenta el acto de Platero de caminar sobre el arroyo, viendo
que la luna se hace pedazos e imagina que son rosas de cristal que intentan
detener a Platero. En el onceavo capítulo, al llegar al pino mas grande del
huerto de la Piña, le promete a Platero que en ese sitio lo enterrara el día
que muera, porque es su espacio favorito del burrito y así vivirá siempre feliz
al ver a los niños jugar en ese lugar y oirá cantar a los jilgueros para su
sueño tranquilo, su descanso eterno. En PÚA hace una bella metáfora al decir
que la lengua del rio lamerá la herida que tiene Platero, causada por una púa,
para que le sane.
El capítulo
XVIII relata una impresionante y sorpresiva de historia. Al principio cuenta a Platero
que el juego favorito de Anilla la Manteca, una joven, es vestirse de fantasma,
ponerse harina en la cara y dientes de ajo en la boca, y le comenta que no
olvidara esa noche de septiembre cuando la tormenta y los rayos azotaron al pueblo, cerca de su casa cayó uno
que tiro un árbol y al calmar la tempestad su perro Lord lo llevó al corral,
para encontrar el cuerpo de la niña muerta, al ser alcanzada por un relámpago
que dejó su mano negra y quemada. En el siguiente capitulo hace gala de su
poética al decir que la tarde esta herida por sus propios cristales y refleja
un color rojo que es su propia sangre, y cuando Platero toma agua de un charco
piensa que es agua de sangre.
En
el capítulo veintisiete narra la anécdota de un perro sarnoso que es repudiado,
los perros le enseñan los colmillos para alejarlo y la gente lo apedrea. Ese
día una tragedia ocurrió, un guardia le disparó y el perro sólo logró lanzar un
aullido redondo y como señal de luto una nube negra cubrió el ojo del perro
asesinado, además los eucaliptos lloraron abatidos por el vientos del mar.
En “IDILIO
DE ABRIL” el autor revela su envidia al noble Platero al decir que: “¡Quien,
como tú, Platero, pudiera comer flores y que no le hicieran daño!”, al ver la
plenitud de la primavera. El capítulo XLIII es muy importante pues demuestra la
amistad que le tiene al burrito al comentar que son tan unidos que hasta cree
que sueñan las mismas cosas, logra el autor conectarse con el personaje de Platero.
En el siguiente capítulo menciona que una carbonera logra arrullar a Platero
con una canción relajante que le cantaba a su hermanito.
En “EL
ÁRBOL DEL CORRAL” le dice a Platero lo mucho que éste significa para él, que
fue su musa y el sostén de su poesía al decir: “sus ramas engalanadas de
esmeralda por abril o de oro por octubre”, una imagen preciosa.
En
el capítulo cincuenta recuerda a Lord, su perro, al ver una fotografía y cuenta
a Platero que era blanco con manchas negras parecidas a mariposas y sus ojos
que reflejaban nobleza, que estaba loco y a veces daba vuelta sobre las flores
del jardín, dice que cuando murió su padre lo estuvo velando esa noche y sigue nostálgico al
vislumbrar su mirada cuando lo encerraron porque lo mordió un perro rabioso. En
“ASNOGRAFIA” reclama que el término sea definido irónicamente como descripción
del asno, expresa que los que hacen diccionarios son unos imbéciles al decir
eso sin conocer al peludito Platero.
En
el pasaje número LXI del libro, narra una historia muy enternecedora, cuando
una perra busca a los perritos que pario, que le arrebataron para hacerle caldo
a un niño que se moría, pero logro
recuperarlos en la noche y al amanecer la encontraron con sus crías que
alimentaba. En el capítulo cuarentaitresavo
elogia los gorriones que no utilizan dinero ni maletas, que se mudan de
casa cuándo quieren y son felices con sólo
volar, no saben del tiempo y se bañan dondequiera, y en el capítulo LXIX lo
hace con los grillos que son expertos en la música cuando “cada nota es gemela
de otra, una hermandad de oscuros cristales”, además dice que “su canto esta
borracho de luna y embriagado de estrellas” demostrando su calidad poética. En
el número setenta y uno demuestra su miedo a la tormenta, un lugar sin
escapatoria y tal vez como un fin del mundo. En “LA LUNA” hace una metáfora
bella al decir que sobre la colina aparece una nube negra, que parece una
gallina que pone un huevo de oro que es la luna, además que ante Platero se
había tomado dos cubos de agua con estrellas.
En
el capitulo LXXXV hace un gracioso comentario cuando insinúa que el sol, por
ser otoño, empieza a sentir pereza y los labradores les ganan al levantarse mas temprano, puesto que en esos
días el sol de verdad sale un poco mas tarde de lo normal. En el “RAMO
OLVIDADO” se cuenta que al pasar por un viñedo con unos niños que lo
acompañaban con Platero, encuentran un racimo de uvas que Juan Ramón Jiménez
logra repartir con justicia, dándole una al dientón Platero. En el capítulo
número noventa y seis describe una imagen muy bella de la granada que Platero
disfruta: “aurora breve de rubí, de los granos que se vienen pegados a la
piel”. En el siguiente van a un
cementerio y encuentran la tumba de la
tísica que en un capitulo anterior, Jiménez y Platero, amablemente habían
sacado a pasear por las calles de Moguer para que se recuperará, además de
otros personajes como el padre del poeta.
En “CAMINO” aparece otra imagen poética cuando
dice que las hojas que cayeron al suelo parecían la copa y las ramas desnudas
ahora eran las raíces, como si el árbol estuviera al revés. Mucho después
encierra a Platero en el corral a causa de que los gitanos lo pudiesen robar y
en “EL ALBA” se alegra de que Platero
llegara a sus manos para que no terminara como carbonero o con los gitanos. En
el capitulo CXXI Platero compite con unas niñas en una carrera y pensándolo
premiar lo coronan con perejil al ganar.
“LA FABULA” es muy relevante al confesar Jiménez que no hará de Platero un
héroe en este libro como lo haría La Fontaine en sus fábulas, además que él no
toma a Platero como un burro de la manera que lo haría la RAE, sino en un
concepto diferente, como sólo él lo
entiende.
Tristemente
la historia empieza a terminar en el capítulo CXXXII cuando el autor va a ver Platero
y lo encuentra recostado muy triste, le habla y acaricia queriéndolo levantar,
entonces mando a llamar a su médico. Éste no le anuncia nada y solo menea la
cabeza, y no entiende que le dice. A medio día Platero ya había muerto, su
panza estaba hinchada y sus patas
tiesas, y al pasar el sol por él, una mariposa de tres colores. Entonces el
granero queda solo y grande, guarda el borriquete de Platero que en las
vacaciones los niños ocupan para jugar recordando al burrito. Tiempo después
visita la tumba de Platero, en el lugar que le prometió, ahora adornado de
lirios amarillos, una flor muy distintiva en la historia. Una amiga suya le
regala un Platero de cartón, al cual le ha tomado cariño y termina la narración
con una dedicatoria de Jiménez muy
emotiva al inmortal “Platero”.
COMENTARIO: al ser un gran
poeta, reconocido con el Premio Nobel de Literatura, Jiménez logra narrar una
historia muy emotiva y poética, llena de figuras retoricas que logran colorear
nuestra imaginación. El mismo advierte que es una historia para niños, nos hace
volver a aquellos días de la infancia con un amigo muy especial, Platero, una
figura inmortal de la literatura universal. En todas las historias se muestra
la calidad del escritor además de ser un libro entretenido y memorable que nos
refresca el alma y demuestra que la amistad la podemos encontrar en cuatro
patas con orejas grandes. Leer Platero y Yo nos hará más humanos. Sentirnos
vivos, podremos ver que cada momento de la vida nos dará una memorable lección
para seguir adelante.
pudes decirme cual es el genero y subgenero de la obra
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